Nada es lo que parece.

3.8.11

De regreso.

Hoy caminaba por el mismo sendero, de camino al mismo sitio. Me senté en medio del trigo, abrí mi libro preferido y comenzé a leer sin mirar a mi alrededor, ya que todo lo que me rodeaba era la monotonía de todos los días. Llegué a una parte del libro donde me explicaba la leyenda sobre el alma de las persona y me paré un momento a pensar. El alma... Se dice que cuando mueres, se pierde 21 gramos de tu cuerpo que se evaporan y no se saben a donde van, o para los que prefieran saber más, hay hasta una explicación cientifica de ella, pero aún asi no se sabe a donde va... Pero me da igual. Yo mi alma la perdí hace tiempo, en ese mismo campo, en el que estaba tan tranquila leyendo sobre lo que no volvería a tener.
Me paré y miré el libro y sin importarme si alguien andaba cerca, me dispuse a leerlo en alto, me pareció interesante...
"En la selva tropical de América del Sur hay una tribu llamada Desana cuyos miembros consideran que en el mundo hay una cantidad fija de energía que fluye entre todas las criaturas. Por lo tanto, todo nacimiento debe engendrar una muerte, y toda muerte produce un nuevo nacimiento. Así se conserva completa la energía del mundo, el alma de las personas. 
Cuando los Desanas van de caza para conseguir alimentos, saben que los animales que maten dejarán un vacío en el pozo espíritual, pero creen que ese vacío se llenará con las almas de ellos cuando mueran. Si no murieran hombres, no nacerían aves ni peces..."
Oí algo cerca que interrumpió mi lectura, un aleteo familiar... Era él de nuevo. 
Se posó en mi hombro y me miró o eso al menos pensaba yo...
Era el colíbri de aquel día, el que murió en mis manos, lo sé... Es él.
Lo miré y supe que quería algo, eran tan bello...
Pensé por un segundo en la semejanza que tenía el colibrí con el alma, es mismo peso, la misma rapidez de vuelo, lo ves un segundo y luego desaparecen... Lo cogí con mis manos y vi como se empezaba a fundir con mi cuerpo, desaparecía de mis manos... No sé donde acabó, se evaporó.
Me levanté desconcertada, miré para todos lados y empezé a correr hacía mi casa, mientras sentía que algo nuevo en mi cuerpo pasaba. Cuando llegúe me miré al espejo... Lo comprendí todo.
Sentí ese peso, 21 gramos de nuevo en mí. No sé si era el peso del alma o el cúmulo de cosas bonitas que deje un día y que acabo de recuperar, pero me sentí completa.
En el hombro donde se posó se dibujó su forma, no sé con que intención, pero me pregunto, cuando yo muera ¿Él se irá de nuevo y volará como hacía antes, buscando otro cuerpo? ...  
Retomé el libro y terminé de leer y así decía:
"Parece que cuanto más se acerca la despedida, más se siente que todos somos criaturas de un mismo bosque, lo que tomamos debemos reponerlo, es simple justicia."
Él tomó de mí para poderse ir aquella vez, y volvió por su deuda, con lo que un día  me arrebató... Mi alma. 

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